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  • L.R

MI TESTIMONIO

Me gustaría dar mi testimonio de cómo viví yo la anorexia.


En mi caso, no fue por verme mal físicamente, pero me encontraba en un momento muy difícil de mi vida, donde todo a mi alrededor se desmoronaba por momentos: Yo tenía sólo 13 años y mis padres se estaban separando. Al hecho que mi vida familiar se estuviera rompiendo en pedazos, se le unió la circunstancia de que en mi colegio estaban ampliando una línea más por curso, y me separaron de mis amigas de toda la vida para meterme en la línea nueva que crearon. Por esta razón, me encontraba perdida, no sólo en mi vida familiar, si no también en mi vida escolar. Y entré en un bucle de autodestrucción, en el que empecé a dejar de comer poco a poco y cada vez mi cuerpo me pedía menos comida…nunca vomité, pero si escondía y tiraba la comida y fue entonces cuando me dí cuenta que dejando de comer, mis padres se empezaron a preocupar de verme cada vez más delgada y creo que esa sensación de provocar esa preocupación en mis padres, me llevaba a sentir que les importaba algo… y cuanto más adelgazaba, más se preocupaban por mí, lo que en fondo me hacía sentir mejor… y entré en un bucle muy peligroso del que ya no supe salir…hasta el punto que llegué a pesar tan sólo 25 kilos, era un esqueleto andante… Mi padre empezó a preguntar a un primo suyo que era internista en el Hospital 12 de Octubre y le pidió que me viera alguien, porque estaban muy preocupados de lo que estaba adelgazando y quería que me hicieran un chequeo completo y gracias a Dios (lo pienso ahora) me llevaron y siempre me acordaré como me metieron en una sala donde estaban 3 internistas analizándome de arriba abajo. Me hicieron pruebas de todo tipo y le dijeron a mis padres que me tenía que quedar ingresada ese mismo día, que todos mis órganos principales (hígado, riñones, corazón…) estaban muy impactados y que mi cuerpo no aguantaría perder 500 grs más, que me daría un paro cardiaco… Aun recuerdo perfectamente aquel día y como mi madre se negaba a que me quedase ingresada y con tratamiento psiquiátrico, porque decía que yo no estaba loca… una actitud todavía muy habitual en ciertas generaciones, donde piensan que tener un tratamiento psiquiátrico significa poco menos que te tienen que poner una camisa de fuerza…

Fue un golpe tremendo para mí. No quería quedarme…supliqué y supliqué a mis padres que no me dejaran ingresada allí…pero los internistas le aseguraron a mis padres que si salía del hospital en esas circunstancias no sobreviviría para contarlo y muy a mi pesar y de mi oposición me dejaron ingresada y me quedé allí durante 4 meses. Unos meses donde todos los días iba a primera hora a ver a la psiquiatra y estaba con ella media hora. Durante 3 meses y medio no articulé palabra con ella, me limitaba a ir, vernos las caras y ella siempre me decía lo mismo: si algún día quieres hablar y contarme cómo te sientes, aquí estoy y no fue hasta que un día algo hizo click en mi cabeza y me solté a hablar… fue como una bocanada de oxígeno…empecé a soltar todo lo que había tenido dentro de mí durante tanto tiempo, tantos meses viendo como mi mundo se derrumbaba y yo no podía hacer nada para evitarlo… y fue entonces cuando comprendí, gracias a ella, que estaba haciendo una llamada de auxilio a mis padres, que con el bucle en el que me había metido y del que no sabía cómo salir, había sido una llamada de atención a mis padres para que se dieran cuenta cómo me estaba afectando su separación…y esta llamada de atención casi me lleva por delante. La verdad que el hablar de lo que tenía dentro y que me había llevado a dejar de comer, me hizo entender no sólo lo cruel que es esta enfermedad con uno mismo, si no lo crueles que podemos llegar a ser con nuestros familiares, porque el sufrimiento que provocamos en nuestras familias es inmenso, es un sentimiento de gran impotencia al no saber cómo ayudarnos…y una vez que me di cuenta de esto, fue como el estímulo que necesitaba para intentar salir de ese túnel en el que estaba metida y del que no veía el final.

Creo que en esta enfermedad hay un punto de inflexión en el que tocas fondo y donde te das cuenta qué tu misma te estás matando, y cuando realmente te das cuenta de esto y lo interiorizas, es el principio de tu curación.

Hay un componente mental muy importante en esta enfermedad. De ahí la importancia del

tratamiento psiquiátrico. Somos nosotras las que desvirtuamos nuestro físico y las que le damos una importancia desmesurada.

Hoy en día las redes sociales no ayudan nada… el tener un montón de ejemplos de chicas que viven por y para su físico, nos hace querer imitarlas y entrar en este bucle infernal del que una vez estás dentro, es muy difícil salir y nos hace jugar con nuestra salud.

Creo que es muy importante relativizar el físico. Darnos cuenta que nadie es perfecto (aunque en las redes se juegue con los filtros para intentar parecer más jóvenes, más delgados…), que no tiene nada de malo coger unos kilos, porque el peso es fluctuante, es lo normal…tenemos que disfrutar de la comida y no pasarnos la vida contando calorías… y sobre todo, disfrutar de nuestra vida en compañía de nuestros seres queridos. Esta enfermedad se lleva a mucha gente por delante, por no interiorizar este mensaje y también destruye muchas familias.

Aprendamos a aceptar y querer nuestro cuerpo sin buscar la perfección, cuando entendamos este mensaje, tendremos muchas más posibilidades de no volver a recaer en esta maldita enfermedad que te va matando en silencio. Yo lo entendí tarde, pero lo conseguí y de eso ya hace 34 años sin haber vuelto a recaer ni una sola vez. Y este es el mensaje que quiero lanzar con mi testimonio, que es una enfermedad muy poco comprendida, en la que se sufre mucho y se hace sufrir mucho a la familia, pero de la que se puede salir (apoyándose siempre en buenos profesionales médicos y sobre todo, y lo más importante con la aceptación de uno mismo ).

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