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  • B.A

Desde el día uno

Ella y yo somos amigas desde pequeñas, y a lo largo de nuestras vidas hemos pasado por muchos altibajos, y uno de estos ha sido la anorexia que sufrió. Soy Begoña y vengo a contar mi perspectiva durante su enfermedad. 

Para mí, empezó todo tras la vuelta del verano de 2022, cuando pasábamos a 4ºEso. Yo me di cuenta de que ella había vuelto más delgada de lo normal pero no me atreví ha decirle nada. Iba pasando el tiempo, y cada vez sospechaba más que algo pasaba, pues a la hora de comer en el colegio, ponía excusas para dejarse comida y nunca comía lo suficiente.  

Fue en un día de octubre de ese año cuando decidí sacar la conversación en el recreo, pero nunca pensé que lo que le pasaba era tan grave como la anorexia. Comenzamos a hablar, más bien, yo escuchaba y ella hablaba como si se estuviera desahogando y quitando un peso de encima. La escuchaba y sus palabras me dolían por dentro y no paraba de preguntarme: ¿Cómo no me he dado cuenta antes? ¿Cómo he dejado que ella sufriera tanto tiempo sola? Me contó como se sentía y todos los problemas que le estaba causando la enfermedad, que aparte de físicos eran mentales. Yo estaba mayormente callada porque tenía miedo de decir algo que pudiera herirla y por esto, traté de no volver a hablar sobre el tema durante un tiempo. 

Cuando volvió a salir la conversación, me aclaró que no la molestaba que habláramos de la enfermedad, de hecho, era mejor, porque ella podía desahogarse con alguien de confianza. Lo único con lo que yo debía tener cuidado era en el trato, es decir, ella quería que la tratara igual que a cualquier persona y no como una enferma. De vez en cuando, se me escapaba un: ‘no estás comiendo’ o un ‘tienes que comer más’. Estas llamadas de atención eran normales, porque mostraban mi preocupación ante su salud, pero la hacían sentirse vigilada. Poco a poco empecé a pillarle el truco a la enfermedad, empecé a distinguir cuando debía decir algo o simplemente callar.  

Después de un tiempo, comenzó a ser más fuerte y ha recuperarse. Esto no quita el factor de la existencia de recaídas, que las hubo, pero con esfuerzo y cariño, fue capaz de salir hacia delante y así ha logrado llegar hasta donde está ahora. 

Lo que ella sufrió me ayudó a entender que la anorexia no es solo un problema físico, sino que es mayormente un problema mental. Por esto, lo mejor que se puede hacer cuando alguien de tu entorno está pasando por algo así, es acompañar. Con esto me refiero a ofrecer siempre un hombro para llorar, aportar siempre una sonrisa, escuchar siempre que se necesite, en resumen, estar ahí siempre. Las personas que sufren anorexia, y otros trastornos, necesitan a una persona que esté orgullosa de ellas, por muchos fallos que haya cometido; necesitan a alguien que trate de entenderlos, aunque tenga miles de preguntas; necesitan a alguien que los acompañe con una sonrisa a lo largo de su camino, aunque sonreír no siempre sea tan fácil. 

Haciendo todas estas cosas, le ayudé a recuperarse de la enfermedad, y lo haría otras mil veces. Esta experiencia nos ha unido mucho y estoy súper orgullosa de lo fuerte que es, y le doy las gracias por no haberse rendido nunca.  

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